«No tengo idea de qué estudiar»
Falta un año o falta un mes, y la pregunta sigue igual de abierta. A veces el problema no es que no haya interés, sino que hay demasiados y ninguno se impone.
Orientación vocacional · Online y en Rosario · Mat. N° 1456
No es un test. Es un proceso de varios encuentros con un psicopedagogo matriculado: autoconocimiento, exploración de intereses, análisis de la oferta académica real y una decisión que se pueda sostener. Para adolescentes que están por terminar el secundario y para adultos que quieren redefinir el rumbo.
Los mensajes los respondo yo, no un contestador. Preguntar no compromete a nada.
Los hay, son gratis y están a un clic. Devuelven tres carreras ordenadas por afinidad y no piden nada a cambio. Si eso es lo que estás buscando, sirven para empezar a pensar y no hace falta que sigas leyendo.
La diferencia es qué hacen con la respuesta. Un cuestionario automático compara lo que contestaste con un promedio y devuelve una etiqueta. Un proceso de orientación vocacional trabaja sobre por qué contestaste eso: qué te gusta de verdad y qué te gusta porque alguien lo dijo, qué carreras existen que no sabías que existían, qué implica cada una en horas, en costo y en vida cotidiana, y qué pasa con el miedo a equivocarse — que suele ser el que más pesa y el que ningún test mide.
Las técnicas específicas también forman parte, pero como insumo de una conversación, no como veredicto.
Falta un año o falta un mes, y la pregunta sigue igual de abierta. A veces el problema no es que no haya interés, sino que hay demasiados y ninguno se impone.
El escenario más frecuente. La lista corta ya está; lo que falta es información concreta sobre cada opción y un criterio propio para elegir entre ellas.
Dejar una carrera empezada no es fracasar: es información. El proceso sirve especialmente acá, porque ya hay experiencia real sobre la que trabajar.
Adultos que vuelven a estudiar, que cambian de área o que quieren formalizar algo que ya hacen. Otras variables —tiempo, trabajo, familia— y el mismo método.
Varios encuentros, con un orden. Antes de empezar sabés qué incluye y con qué terminás.
Historia escolar, materias que funcionaron y las que no, actividades fuera del aula, qué se espera desde casa y qué se espera uno mismo. El objetivo es separar el deseo propio del mandato heredado, que casi nunca vienen etiquetados.
Abrir el abanico antes de cerrarlo. La mayoría elige entre las diez carreras que conoce, y hay cientos. Se trabaja sobre campos de actividad concretos, no sobre nombres de títulos.
Instrumentos propios de la orientación vocacional, administrados e interpretados por un profesional. No devuelven una respuesta: devuelven material para pensar, que después se conversa.
Qué se estudia realmente en cada carrera, planes de estudio, duración, dónde se cursa, qué hace después quien la termina. Es la parte que más sorpresas trae y la que más decisiones cambia.
Cerrar. No siempre en una sola opción —a veces son dos con un orden y un plan B pensado—, pero sí con criterios explícitos y con los pasos concretos de inscripción.
Una conversación final donde se repasa el recorrido y las razones de la elección. Si la familia participó, se comparte con ella lo que corresponda.
El proceso de orientación vocacional está diseñado para realizarse de manera 100% online: las entrevistas, la exploración de intereses, el análisis de la oferta académica y la administración de técnicas específicas están adaptados al formato virtual. No es una versión reducida de lo presencial — es cómo se hace.
Eso significa que no importa dónde vivas. Y si estás en Rosario y preferís vernos en persona, también se puede: atiendo en Consultorios del Británico, Jujuy 1540, los lunes de 8 a 14 h. Podés ver cómo funciona la atención online en general.
Licenciado y Profesor en Psicopedagogía (UAI). Matrícula N° 1456, Colegio de Psicopedagogos, 2ª Circunscripción Rosario.
Doy clases y participo en investigación sobre aprendizaje y tecnología, así que la oferta académica no la miro solo desde el folleto. Está publicada la docencia y la investigación.
Objetivos explícitos desde el primer encuentro y una cantidad de sesiones acordada de entrada. Nada de procesos que se estiran solos. Si en el camino aparece algo que corresponde a otra especialidad, lo digo.
El proceso es el mismo en su lógica y distinto en sus variables. Con adolescentes suele participar la familia en algún momento; con adultos, casi nunca.
Si tu duda no está acá, escribime y la conversamos.
Los aranceles te los paso por WhatsApp, junto con las formas de pago. Es lo primero que respondo si me lo preguntás: nadie tiene que averiguar un precio a los empujones.
Son varios, y el número lo definimos al principio según el punto de partida: no es lo mismo alguien que no tiene ninguna idea que alguien que duda entre dos carreras. Lo que sí es fijo es que se acuerda de entrada y no se estira solo.
Sí, y bastante. Haber cursado algo real es información valiosa: ya sabés qué se siente estudiar eso, qué te resultó y qué no. El proceso trabaja con eso en vez de con suposiciones.
Sí. Cambian las variables —tiempo disponible, trabajo, familia, costo de oportunidad— y por eso cambia el peso de cada consideración, pero el método es el mismo. Una parte de las consultas son de adultos.
No, y esa es la diferencia con un test. La elección es tuya; mi trabajo es que llegues a ella con información que hoy no tenés y con los criterios ordenados. Una decisión que te dieron hecha no se sostiene en el primer parcial difícil.
Con adolescentes suele haber al menos un encuentro con la familia, porque la decisión los involucra y porque a veces la presión de casa es parte de lo que hay que despejar. El resto del proceso es con vos.
Sí. El proceso está diseñado para hacerse íntegramente por videollamada, así que funciona igual desde cualquier punto del país. Solo hace falta una conexión estable y un rato tranquilo.
Escribime por WhatsApp con dos líneas sobre tu situación — si estás terminando el secundario, si dejaste algo, si querés cambiar. Te respondo yo y te digo cómo sería el proceso en tu caso.
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